Si se quiere comprender, al menos en parte, lo que significa la formación moral y ética del niño, de la niña y del o la adolescente, es necesario empezar por hacer una definición funcional de moral, desde lo psicológico: "la moral consiste en un sistema de reglas. Y la esencia de cualquier moralidad hay que buscarla en el respeto que la persona adquiere hacia ciertas reglas." Las divergencias doctrinarias respecto a esto podrían surgir cuando tratamos de explicar "el cómo" llega la conciencia a tener respeto por estas reglas. Ese "cómo" es el campo que compete a los grupos interdisciplinarios que trabajan e interactúan con población joven y que tienen el deber de entender los mecanismos de la formación moral y ética.
La mayoría de las reglas morales que un menor va asumiendo, consiste en un conjunto elaborado por los adultos, aunque en estadíos tempranos el niño o la niña inventa sus propias reglas y eso es algo que permanece en cierta medida y que es parte de la libertad de la persona. A veces es difícil saber si el niño o la niña actúa por el hecho mismo de asumir las reglas internalizadas o lo hace por el respeto, la admiración o el miedo a sus padres o tutores que constituyen los "primeros referentes". Aún, el niño, niña o adolescente que tiene como padre/madre modelos inadecuados, tiende a imitar a estos y a identificarse. Afortunadamente, el hecho de que los padres/madres no sean los únicos referentes morales, hace, en estos casos, que el niño niña o adolescente asuma otros modelos que pueden ejercer influencia respecto a la internalización de reglas y valores.
Los niños, las niñas, y los adolescentes comparten diversos espacios, en la escuela, en la comunidad, y en el vecindario. Establecen sus propias reglas también y es a través de las relaciones sociales, que esto sucede.
Por ello, la intervención, a través de programas en la escuela y en la comunidad, especialmente mediante el enfoque formativo y de educación no formal, cobra mucha importancia. A través de estas intervenciones se busca que el niño, la niña o adolescente:
Encuentre autosatisfacción e incremente su autoestima actuando moral y éticamente.
La educación, en este nivel de intervenciones, tiene el siguiente principio: "El espíritu de disciplina unido al de libertad y amor por construir y autodeterminarse, constituye el punto de partida de toda vida moral. Se necesita cierta regularidad en la conducta, reglas claras y coherentes, un mínimo de modelos adecuados y un fortalecimiento de habilidades para enfrentar presiones del ambiente."
Dentro de este contexto es crucial tomar en cuenta el rol de "los pares", en los programas formativos. Sin embargo, todavía muchos maestros y maestras continúan usando métodos verticales desperdiciando así la energía y la creatividad juvenil, en lugar de emplearla en ambientes de cooperación, trabajo y socialización del conocimiento.
Muchos maestros y maestras parecen no haber tomado conciencia de lo importante que resulta la aplicación de la sanción moral por los propios grupos de adolescentes, hecho, este último que aumenta la idea de reciprocidad y de respeto mutuo que es parte de la libertad responsable.
Ayudar en estos procesos a la población de niños, niñas y adolescentes significa que ellos mismos puedan distinguir mejor lo que es bueno y lo que es malo para sus vidas. Es reforzar asimismo la expresión de la verdad ayudándolos a entender que la mentira destruye la confianza. Y es ante todo actuar frente a ellos con coherencia. ¿Cómo intervenir desde la educación no formal en poblaciones jóvenes para propiciar un sí o un no en relación a la paz, a la violencia, a la droga, a la corrupción, a la tolerancia o intolerancia, a la comprensión y al derecho a la ternura…?
¿Cómo trasmitir y ser modelos adultos en relación al principio que "darse la buena vida es darle la buena vida a los demás"…?
¿Cómo educar para la dignidad, es decir para la condición de persona, sea cual sea la edad, raza, sexo, opción sexual, sistema de creencias, etc.? ¿Cómo comprometer la emoción y luego la razón, entendiendo que todo cambio es primero emocional…? ¿Qué tipo de educación y de transformación cultural se requiere…?
¿No son tal vez los propios jóvenes hombres y mujeres los que se están expresando políticamente en un discurso ético, entendiendo hoy por expresión política las manifestaciones socioculturales propias…? ¿Qué pasa con este sector de hijos e hijas de emigrantes que hablan de "movidas" más que de movimientos juveniles? ¿Qué está sucediendo con aquellos y aquellas jóvenes que se organizan a través de parroquias, iglesias varias, clubes, bibliotecas y expresiones teatrales, fotográficas, plásticas, musicales, etc.? ¿Qué nos quieren decir a través del importante movimiento de historietas, graffitis y otras formas alternativas…? ¿Estamos los adultos actuando éticamente frente a todo esto? Es decir, ¿escuchamos? ¿hacemos una lectura de sus manifestaciones? ¿convivimos con estas nuevas expresiones y las compartimos y comprendemos? ¿las toleramos? Dentro de este contexto ¿qué rol juega la droga? ¿Qué opinan los estudiosos en el campo de la prevención del uso indebido de sustancias…? ¿Qué relación existe entre la mayor o menor formación moral y el consumo de drogas y/o la comercialización de las mismas…? ¿Influye la presión social y especialmente la de los "pares" en el inicio del uso indebido de drogas…?
En un estudio realizado por Huamán, Tueros y Villanueva (1989) en Lima Metropolitana, se encuentran hallazgos muy consistentes en cuanto a lo siguiente: el 54% de los consumidores jóvenes de drogas declara haberse iniciado por presión de "sus pares" en su propio barrio o vecindad, el 19% con otros compañeros de escuela.
Los hallazgos de estos investigadores son muy similares a los encontrados en la investigación de CEDRO (1996) respecto a que los jóvenes declaran iniciarse en "pares".
Una "moral compartida" entre los o las adolescentes o jóvenes, parece ser un factor de presión grupal para el consumo de drogas, según los estudios de Segal (1982).
Hoy, al hablar de razones para el uso indebido de drogas, no nos referimos a "causas únicas". Se identifican y analizan varios factores de riesgo. Uno de los más importantes es el de la inadecuada formación moral y, como consecuencia, la poca capacidad para discernir frente a un dilema moral.
El llamado "locus de control interno y externo" juega un rol en la decisión de hacer o no, uso indebido de sustancias. Entendemos el locus interno, como la capacidad de medir las consecuencias de los propios actos. Y como locus externo, la incapacidad de achacar las consecuencias a los propios actos, derivando "la culpa" o responsabilidad al azar y a las circunstancias ajenas al propio sujeto que consume la droga.
Los modelos sociales publicitados, como es el caso de los narcotraficantes o de las figuras gansteriles que aparecen magnificadas a través de la pantalla de la televisión o del cine, resultan patrones de "ganancia fácil de dinero, poder y casi omnipotencia", que pueden ser imitados. Los casos de los burriers se han multiplicado, dentro de una conducta que pone en riesgo la libertad y en algunos casos la propia vida, de quien apuesta por dinero fácil. Es pertinente decir que casi el 80% de las reas que se encuentran recluidas en la Prisión de Mujeres de Chorrillos lo está por tráfico ilícito de drogas.
La baja autoestima, la falta de poder, en el sentido antes mencionado, que no facilita el decidir por una calidad de vida ética y moral, la ansiedad asociada a sentimientos de vergüenza, son factores que hay que tomar en cuenta en el trabajo con poblaciones de niños y jóvenes, sobretodo de riesgo.
La producción, el tráfico de drogas y otras fuentes de corrupción, son aliados contra la ética y contra la formación moral especialmente de la población joven y, a su vez, la pobre formación moral contribuye al involucramiento en el uso indebido de sustancias y en actividades ilícitas, incluyendo la producción y la comercialización de drogas.
CEDRO, nuestra institución, tiene el convencimiento de que el tema drogas no puede ser aislado de la realidad total del país, de su historia y de su coyuntura actual.
La droga surge de la corrupción y a su vez, corrompe. Sólo elevando los niveles de discernimiento moral y propiciando una ética del bien común, podremos disminuir su incidencia significativamente. El trabajo de prevención, en todos sus frentes (disminución de la producción, tráfico y consumo), está ligado al fortalecimiento de la democracia, al establecimiento de la paz, al desarrollo sustentable, y al trabajo permanente en educación moral y ética. La lucha contra la pobreza requiere de inversión, tanto económica como educativa, e implica también una dura batalla contra el subdesarrollo mental. Dentro de este último se ubican la falta de ética y la ausencia de una moral fuerte y comprometida. A todos nos toca, juntos, propiciar los cambios, comprometiéndonos con la población joven en esfuerzos compartidos.
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